Una forma de entender el feminismo y empoderamiento.

Leticia Dolera: Actriz, directora y referente feminista en el sector audiovisual español, opina sobre el feminismo y el empoderamiento femenino.
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Leticia Dolera es un referente feminista en el audiovisual, y su trabajo merece respeto. Pero admirar a alguien no implica estar de acuerdo con todo lo que piensa. Y, desde luego, discrepar no invalida ni el feminismo ni a las feministas que no compartimos la misma lectura del problema.

Yo no creo que el machismo sea “un problema de hombres que afecta a las mujeres”. Me parece una simplificación peligrosa. El machismo es un sistema cultural profundamente interiorizado que reparte privilegios y castigos en función del género, sí, pero no encaja en un esquema tan binario. Existen mujeres machistas. Existen hombres que sufren el machismo. Existen dinámicas de poder que no siguen la narrativa simple de “ellos oprimen, nosotras recibimos”.

He visto a madres pedir ayuda a sus hijas mientras protegen a sus hijos varones como si fueran intocables. He escuchado a mujeres culpar a una amiga por “no pararle los pies” a un hombre casado en vez de responsabilizar al hombre casado. He oído a mujeres afirmar que “ya no existe el machismo” o que “el feminismo solo se usa para atacar a los hombres”. He visto a mujeres que han triunfado en entornos machistas utilizar su propia resiliencia como arma arrojadiza contra el resto: “si yo pude, cualquiera puede”. Como si la excepción invalidara el problema estructural.

Ser feminista también es exigir que nuestras hijas no tengan que “luchar” para recibir lo que es suyo por derecho. Es cuestionar un sistema que sigue pidiendo esfuerzo extra a las mujeres solo por serlo. Es señalar que la meritocracia no existe si la línea de salida ya está desigual.

Sí, las mujeres somos las principales víctimas del machismo, especialmente en lo emocional, lo económico y lo físico. Pero el machismo también daña a los hombres: les enseña a no sentir, a no pedir ayuda, a relacionarse desde la desigualdad, a confundir aceptación con sumisión. Y cuando las mujeres empezamos a poner límites reales, muchos hombres se quedan sin pareja y sin proyecto vital porque no saben relacionarse de otra manera. Eso también es una consecuencia del sistema: nadie sale ileso de una cultura que nos educa para encajar roles disfuncionales.

El machismo no es una elección: es una imposición cultural. Y desmontarlo requiere más que slogans y más que un consenso aparente. Requiere aceptar que el feminismo es un movimiento plural, con matices, con desacuerdos legítimos y con voces que, aunque no piensen igual, empujan en la misma dirección: una sociedad donde nuestras hijas —y nuestros hijos— puedan vivir sin cargar con la herencia de un sistema que nos limita a todos.

Oveja Negra Fundadora
Oveja Negra Fundadora

Psicóloga, ilustradora y soñadora convencida de que una vida sin patrones tóxicos es posible.

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