Constelaciones familiares: una mirada crítica al uso terapéutico de lo simbólico

En los últimos años, las constelaciones familiares han ganado visibilidad como una herramienta de exploración emocional y vincular. Muchas personas han sentido alivio al participar en estas dinámicas que representan sus relaciones desde otro ángulo o al poner palabras a historias que sentían inconclusas.

Esto es un hecho objetivo y que aquí no se cuestiona de ninguna manera. Soy de la opinión de que hay que explorar todas las herramientas a nuestro alcance para encontrar la que nos ayude a avanzar en el proceso de sanación y esta puede ser tan válida como otras que tengan mucho más tradición o que esté más fundamentada.

Sin embargo, también es importante poder hablar de sus límites y riesgos, especialmente cuando se presentan como si fueran una forma de terapia profesional o se abordan situaciones de gran carga traumática sin el encuadre profesional necesario.

¿Qué aportan las constelaciones?

Las constelaciones familiares, inspiradas en parte en enfoques sistémicos, proponen que cada persona forma parte de un sistema familiar interconectado. A través de representaciones simbólicas, buscan hacer visibles tensiones, lealtades invisibles o exclusiones dentro del sistema, que podrían estar afectando a la persona.

En muchos casos, esta mirada ayuda a cuestionar patrones heredados, mandatos familiares o dinámicas de rol que efectivamente tienen impacto en nuestras relaciones y decisiones. Y en ese sentido, puede ser una experiencia movilizadora.

Esta parte incluso está muy relacionado con lo que se hace en terapia al trabajar con los patrones tóxicos familiares, porque trabaja con el problema que expresa el paciente desde el contexto en el que aparece, sin considerarlo un problema aislado, y desde esta perspectiva puede ser muy útil al abrirse a una interpretación que durante demasiados años se ha estado evitando.

¿Dónde está el riesgo?

El problema aparece cuando, más allá de lo simbólico o reflexivo, se utilizan estas dinámicas como una forma de explicación absoluta o sanación profunda de malestares complejos, sin contar con criterios clínicos ni con herramientas terapéuticas adecuadas.

En algunas constelaciones, por ejemplo, se atribuyen síntomas actuales a eventos como abortos, muertes trágicas o exclusiones en generaciones pasadas, aunque la persona no haya tenido contacto ni conocimiento de esas historias. Esta narrativa puede:

Diluir responsabilidades reales, especialmente en casos de maltrato, abuso o negligencia. Donde la tendencia habitual es la negación y mirar a otro lado buscando explicaciones que permitan seguir ignorando el abuso y las responsabilidades que eso conlleva.

Desviar la atención del presente, generando confusión en quien necesita comprensión, apoyo y validación.

Producir una falsa sensación de comprensión, sin un abordaje real del problema. Esto es algo que puede pasar en cualquier terapia, confundir la sensación de alivio que conlleva “entender” el origen de un problema con haberlo resuelto.

Cuando lo simbólico se vuelve negación

Conocí el caso de una mujer que, incapaz de aceptar que su hija había sufrido abusos por parte de un familiar cercano, acudió a una constelación buscando “entender el malestar” de su hija. La sesión terminó reforzando su negación: allí se le confirmó que el sufrimiento de su hija no tenía que ver con el abuso (que por supuesto en su fase de negación ni mencionaría), sino con un aborto no reconocido de una bisabuela. Esta explicación simbólica le sirvió para reafirmar su postura y creer que ahora estaba legitimizada, negar lo ocurrido y deslegitimar el testimonio de su hija.

¿El resultado? Una víctima aún más aislada, una herida más profunda y una madre convencida de haber hecho lo correcto desde el apoyo de un supuesto profesional.

No todas las constelaciones funcionan así, pero es necesario reconocer que cuando se tocan temas delicados sin rigor ni límites éticos, el daño puede ser mayor que el beneficio

Sobre todo cuando no se incluyen a otros miembros implicados en el proceso y partimos de la historia y la perspectiva única del paciente como una verdad absoluta sin un contexto o formación más amplia que justifique esas conclusiones.

Yo misma me he sentido invalidada en terapia cuando quisieron acudir al miedo sufrido por mi madre mientras estaba embarazada de mí para explicar la ansiedad que yo estaba tratando en esas sesiones. Como si los motivos personales, familiares y laborales que tenía no fuesen más que suficientes para justificar/entender la ansiedad que sentía en ese momento. 

No todo lo que alivia es terapia

Sentir alivio no siempre significa haber sanado. La catarsis o el reconocimiento simbólico pueden ser valiosos, sí, pero no sustituyen un proceso terapéutico con base científica, contención adecuada y enfoque profesional. Especialmente cuando hablamos de trauma, abuso o salud mental.

Es lógico querer buscar una salida rápida, un alivio inmediato a un sufrimiento que suele remontarse a muchos años y a muchos aspectos de la vida de las personas; pero es muy peligroso ofrecerlo cuando esto ni es real ni es posible.

Una invitación a discernir

Este texto no busca juzgar a quienes han encontrado sentido en las constelaciones familiares. Muy al contrario: toda búsqueda de alivio merece respeto. Pero ese respeto también implica no romantizar herramientas que, sin el contexto adecuado, pueden llevar a la confusión, la revictimización o la desrresponsabilización.

Desde El Otro Rebaño defendemos una forma de acompañamiento que integre lo simbólico y lo emocional, sí, pero desde la responsabilidad, el cuidado y la claridad. Porque cuando alguien se abre a contar su historia, merece que esa historia sea escuchada con respeto y con verdad, no redirigida a explicaciones que impidan mirar de frente lo que pasó.

¿Y tú?

¿Has vivido alguna experiencia similar? ¿Te sentiste aliviada o confundida? ¿Encontraste apoyo o saliste con más dudas?

Abrimos este espacio para compartir sin juicio, con espíritu crítico y con la intención de construir algo más claro, más seguro y más humano.

Oveja Negra Fundadora
Oveja Negra Fundadora

Psicóloga, ilustradora y soñadora convencida de que una vida sin patrones tóxicos es posible.

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