Sentimientos negativos en el embarazo: cuando la realidad no encaja con las expectativas


Introducción
Cuando alguien menciona el embarazo, lo habitual es que venga acompañado de palabras como “magia”, “dulce espera” o “la mejor etapa de tu vida”. Pero, ¿y si no es así? ¿Y si lo que sientes es tristeza, miedo o una enorme soledad? ¿Qué pasa cuando el embarazo no es como nos dijeron que debía ser?

Hoy quiero hablar de eso. De la parte invisible, de lo que se calla. Porque no estás sola si no tuviste (o no estás teniendo) un embarazo feliz. Y no, no significa que haya algo mal en ti.


No todas las embarazadas están felices (aunque lo parezca)

Durante mi primer embarazo, las emociones que más me invadieron fueron de todo menos dulces. Miedos, cambios hormonales, conflictos en la pareja… Y por si fuera poco, empezaron a salir a la superficie traumas que llevaba años enterrando. Aquello que había justificado o normalizado, de pronto, me desbordaba y se sumaba a una situación ya de por sí complicada.

Y sin embargo, nadie parecía estar viviendo algo similar. En las clases preparto, el matrón nos decía con una sonrisa que “teníamos que disfrutar del embarazo”. Y yo no entendía a qué se refería pero nadie pareció cuestionarlo. Lo útlimo que pensé es que otras pudieran estar pasando por algo parecido, lo que me parecía más lógico es creer que era yo la que estaba mal.

Incluso me hicieron pruebas del tiroides como si lo que estaba viviendo no fuese suficiente para explicar el estado emocional que tenía. Estaba embarazada, debería estar feliz, y esa depresión que estaba pasando no parecía tener sentido para mi doctora.

La respuesta la descubrí mucho después: no todas estaban felices, solo que muchas, como yo, se callaban.


Las emociones feas también existen

Incluso cuando no hay grandes problemas externos, el embarazo es un cóctel de emociones contradictorias. Y no todas son bonitas. Puedes sentirte agradecida… y al mismo tiempo, sentir angustia. Puedes amar profundamente al bebé… y odiar los cambios en tu cuerpo, o la sensación de pérdida de control. Y todo eso está bien, porque todo eso es cierto y es un sacrificio.

Lo que no está bien es tener que vivirlo en silencio.

Porque ese silencio te hace sentir defectuosa. Como si fueras la única que está “fallando” en algo que todas parecen disfrutar. Pero no estás fallando. Estás sintiendo. Y eso es humano.


Expectativas irreales = frustración asegurada

Nos venden una imagen edulcorada del embarazo: conexión instantánea con el bebé, energía positiva, pareja cómplice, instinto maternal desbordante… Y cuando eso no llega (porque es imposible que todo eso se dé así), aparece la culpa, el miedo, la sensación de no estar a la altura.

Pero no es tu culpa. Es culpa del relato único que hemos heredado. Uno que ignora por completo las emociones difíciles, los duelos internos, el cansancio emocional, las dudas y los conflictos. Incluso cuando ese discurso viene de alguien que pasó por los mismo, pero decirlo en voz alta le remueve tanto que prefiere mantener ese discurso como una forma de autoconvencerse.

¿Y sabes qué es lo más peligroso de todo esto? Que ese cúmulo de emociones silenciadas es el terreno perfecto para que, más adelante, aparezca una depresión postparto. No porque te tocó, como quien pilla un resfriado. Sino porque te dejaron sola en un proceso para el que nadie te preparó emocionalmente.

Y todo esto ocurre ya durante el embarazo… y luego viene el postparto, del que aún se habla menos. Recuerdo perfectamente dos conversaciones que me marcaron y me aliviaron muchísimo:
– Una matrona en una charla gratuita, que dijo que el postparto son un mínimo de tres meses terribles. Que mucha gente teme al parto, pero es raro encontrar a una mami que no te cuente su historia de parto con todo detalle —es la conversación más habitual entre madres—, pero casi ninguna te cuenta el calvario que pasaron los tres primeros meses del bebé: lo mal que se sintieron, la desesperación, el agotamiento… porque es fácil hablar de lo bonito, pero de lo que duele de verdad no se habla.

– Un amigo del que era mi pareja entonces, al decirle este que nuestro bebé era muy tranquilo y que no había sido nada difícil llevarlo, le contestó: “Si crees que los primeros meses del bebé han sido fáciles, es que no has estado realmente en casa con él.” Y así era. Él no había estado más que días sueltos desde la última etapa del embarazo, incluso dormía fuera de casa la mayor parte de la semana. Cuando venía, me acusaba de no saber “controlar al bebé” cuando sus llantos le molestaban. Porque para él era mi obligación mantener al bebé en silencio y que él no tuviera que ver perjudicado su espacio de descanso.

Todo esto, además, se suma a una situación de por sí ya muy estresante. Y por desgracia son situaciones muy habituales: Patrones tóxicos que se intensifican, aumento de los conflictos previos en la pareja, aparición de nuevos problemas derivados de los cambios que introduce la llegada de un bebé a la familia…

Tampoco podemos olvidarnos de los padres:

Años después, hablé con el mismo matrón que me había dicho aquello de “disfruta de tu embarazo”, y le propuse incluir en las charlas preparto estos temas. Y no sólo por las futuras madres, sino también porque muchos padres se sienten desplazados durante el embarazo pero no sienten que tengan cabida en estas reuniones, no se atreven a preguntar, porque al no estar embarazados, parece que no tienen derecho a sentirse mal. Y ese malestar no expresado termina perjudicando a la relación, a la madre y a la futura familia. Su respuesta fue que ya se había percatado de esa necesidad, pero que los recursos eran limitados y no lo veía viable.

Es cierto que este texto está más orientado a las madres que a los padres, y seamos realistas, es que son ellas las que se llevan la peor parte. Pero eso no quita que los padres también se ven perjudicados en este proceso. No podemos olvidar que no todos son personas tóxicas que al verse como figuras paternas se sienten desplazados y priman su bienestar al de sus hijos o su pareja. Algunos tienen un buen fondo, buenas intenciones y el deseo real de ser buenos padres. Pero este tabú también los perjudica.

Se les aísla del proceso pasando a ser el que lleva o acompaña a la madre, no un miembro integrado en el proceso: A veces no les permiten entrar a las ecografías, no se les ofrecen cursos pensados para ellos, ni cuentan con un periodo de adaptación o un acompañamiento real.

Se les juzga incluso por preocuparse de que su relación de pareja vaya a verse afectada por la llegada del bebé, cuando eso es algo que preocupa a ambos y que así debe ser. No se puede evitar que afecte, pero se puede aprender a aceptar y a llevar los cambios de la mejor manera posible.

Como ya hemos hablado en otras entradas, el silencio sólo beneficia al que sale ganando por mantener el patrón tóxico. Que no se pueda hablar de los sentimientos “negativos” es algo que siempre perjudica, pero en una situación tan delicada y compleja como la llegada de un bebé es algo especialmente peligroso ignorar.


¿Qué hacer cuando te sientes así?

  • Habla. Aunque sientas que nadie te va a entender, aunque te dé miedo. Habla. Expresar lo que sientes es el primer paso para dejar de cargar con todo sola.
  • Rodéate de personas que puedan sostenerte. Algunas te juzgarán porque ellas también se juzgaron cuando pasaron por lo mismo. Pero también hay otras que podrán escucharte sin querer “arreglarte”.
  • Rechaza las imposiciones. No tienes que sentir lo que los demás esperan que sientas. Tu vivencia es válida aunque no encaje en el molde.
  • Busca espacios seguros. Si no encuentras con quién hablar en tu entorno, busca comunidades donde sí se validen estas experiencias. Como esta.

No estás sola

Si estás atravesando un embarazo difícil, si sientes que no te reconoces, que no eres la mujer luminosa que todo el mundo esperaba ver… quiero que sepas que no estás sola.

Aquí, en este otro rebaño, no te vamos a juzgar, no te vamos a decir que lo superes, ni que disfrutes, ni que sonrías si no puedes. Aquí puedes decir que estás mal sin que eso asuste a nadie.

Aquí puedes ser tú. Con todas tus emociones. Incluso las que no salen en las ecografías.

Si quieres que se escuche tu historia y no te atreves a darle voz, contacta, cuéntame y yo la publico en tu nombre.

Oveja Negra Fundadora
Oveja Negra Fundadora

Psicóloga, ilustradora y soñadora convencida de que una vida sin patrones tóxicos es posible.

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