Puede que haya algunas diferencias legales entre una relación tóxica o de malos tratos. Las relaciones tóxicas no están tipificadas como delito en el código penal y no conllevan penas ni procedimientos judiciales específicos. Las relaciones de abuso o de malos tratos sí están sancionadas legalmente, pudiendo implicar órdenes de protección y penas para el agresor.
¿Pero cómo se determinan si es una u otra tanto a la hora de identificarlas una misma como en los juzgados para condenarlas o no? ¿qué diferencias hay entre ambas para poder catalogarlas?
Diferencias teóricas entre Relaciones tóxicas y relaciones de abuso o de malos tratos.
| Característica | R.Tóxica | R. Abuso | Dificultades |
| Dinámica de poder | Relación de dependencia mutua | Desequilibrio con un miembro dominante | Es muy difícil identificar esto porque el maltratador constantemente se describirá como la víctima, hablará de sus sacrificios por la relación. Y la víctima suele responsabilizarse de esos sacrificios y suele minimizar los suyos. |
| Manipulación y control | Puede haber manipulación pero suele ser mutually por falta de otros recursos sanos | Control intencionado y constante por parte del abusador, diferentes recursos para mantener el control. | Es imposible ver desde fuera si el maltratador tiene una falta de habilidades relacionales o es un intento de control absoluto, él nunca lo va a reconocer. |
| Aislamiento social | Puede darse por ambas partes | Abusador aísla a la víctima para controlar | Es posible que el maltratador no tenga un entorno amplio, pero será por propia elección. Ni la propia víctima verá que es él quien la ha aislado porque probablemente se haya aislado ella misma por la manipulación indirecta del abusador. |
| Reacciones emocionales | Ambos miembros se faltan al respeto, gritan y pelean | Víctima puede perder el control tras manipulación y gaslighting | Esa pérdida de control de la víctima puede interpretarse como agresiones por su parte, y así lo describirá el maltratador. Lo que hace que tanto la víctima como los observadores puedan interpretarlo como que “ambos se agreden” |
Pues después de entender esto la respuesta es en la mayoría de los casos que no se puede distinguir. Que en teoría, el acusado es inocente hasta que se demuestre lo contrario, pero lo cierto es que en la realidad la acusadora es culpable hasta que demuestre lo contrario.
Y como tanto una cosa como la otra es muy difícil de demostrar nada con la certeza que un sistema judicial necesita el culpable es muy problable que salga indemne y la víctima es muy probable que se revictimice aún más tras salir del proceso judicial que no sólo no la protege, sino que la juzga, la culpabiliza y la invisibiliza.
Y la mayoría de los implicados en el proceso culparán a “las que mienten y ponen denuncias falsas” en lugar de asumir la responsabilidad real que todos tenemos en ese proceso de invisibilizar y culpabilizar a las víctimas de los delitos.
Diferencias reales
Por mi propia experiencia sólo he podido encontrar una diferencia clara de malos tratos. Rara vez la he visto menciona en los textos formativos o profesionales. A mí me ha costado muchos años de terapia y de trabajo introspectivo reconocer. La diferencia es que cuando intentas poner límites la situación evoluciona de manera diferente:
En una relación tóxica el intento de recuperar o mantener a la pareja que empieza a poner límites será usando las mismas herramientas en todo momento, porque esos patrones tóxicos son los únicos de los que dispone para establecer relaciones.
Cuando estás en una relación de malos tratos, y empiezas a poner límites y a exigir respeto, lo más probable es que la conducta que podía ser de manipulación sutil empiece a escalar en agresividad.
El maltratador quiere mantener el control y el poder a toda costa, así que puede parecer desvalido y la víctima de injusticias cuando quiere iniciar la relación, se mostrará como un tóxico sin más recursos mientras eso le funcione para mantenerla cerca durante años. Pero en el momento en que eso deja de funcionar, porque la víctima encuentra apoyo, un motivo para poner límites o simplemente la fuerza para dejar de aceptar esa situación, tiene que recurrir a estrategias más severas.
Entonces es cuando empiezan los insultos directos y las humillaciones que antes eran sutiles y negadas. Es cuando llegan las amenazas de agresión y los amagos de bofetadas que asegura no se iban a llevar a cabo y que luego se convierten en disculpas y lamentos sobre lo que les “han obligado a hacer”. Sin que realmente haya un arrepentimiento por la conducta violenta, sino una culpabilización hacia la víctima por haberles llevado a esos “extremos” que nunca habrían podido alcanzar sin una causa justificada.
Es muy probable que en este punto los argumentos del maltratador sean validados por la víctima, porque es a lo que está acostumbrada, son los mismos rasgos que le hicieron entrar en esta relación los que ahora la hacen incapaz de salir, su tendencia a minimizar lo que le hace su tendencia a responsabilizarse de los demás, su falta de autoestima…
| Sabes que yo nunca te he pegado ni lo haría | Es cierto, así que yo debo haberle llevado a este extremo. |
| Nunca antes me había comportado así | Definitivamente debo ser yo quien lo provoca. |
| Me siento tan mal conmigo mismo, no quiero ser así.Si actúo así es porque te amo demasiado.Si tú no me llevaras a estos extremos no me convertiría en algo que odio tanto | Es mi responsabilidad reparar el daño que he causado, no puedo abandonarlo ahora que me necesita tanto y quiere cambiar por mí. |
Y si esto lleva a retroceder en los límites que se estaban poniendo es un refuerzo para el maltratador que volverá a sus estrategias habituales hasta que requiera de volver a violentarse si vuelven a fallar.
Porque si le funcionaron las volverá a aplicar, y si no funcionan la siguiente vez tendrá que ir ajustando la intensidad. Esto llevará a instaurar estas nuevas estrategias y a comenzar una escalada progresiva de violencia que irán acostumbrando a su víctima a tolerar esta nueva dinámica.
La metáfora de la bañera hirviendo
Nadie se mete en una bañera de agua hirviendo cuando al primer contacto le quema la piel, pero si ya estás dentro mientras el agua se va calentando poco a poco es más fácil acabar con quemaduras graves antes de que hagas el primer intento por salir de la bañera.
Y si además la temperatura suele bajar después de empezar a resultar dolora es más probable que aguantes el dolor esperando que vuelva a bajar de nuevo.
Sobre todo cuando lo que te espera fuera de la bañera son juicios, dudas, críticas, falsos consuelos, incomprensión, miedo y una persona que si estaba dispuesta a recurrir a la violencia para que no te fueras lo estará mucho más para recuperarte.
- Nadie le diría a quien se ha quemado así que las quemaduras se las ha buscado por entrar en la bañera o “simplemente” por no haber salido de ella cuando empezaba a molestar.
- Nadie cuestionaría si es la sensibilidad de su piel la que ha provocado las quemaduras.
- Nadie esperaría que bastase con entender que el agua quema para no volver a quemarse.
¿Qué puedo hacer entonces?
Si no se puede distinguir desde fuera si existen malos tratos, si a veces ni se puede distinguir desde dentro, ¿cómo se puede saber si estás en una relación de malos tratos?
Por desgracia mi respuesta es que no se puede, y que probablemente el sistema penal y judicial tampoco pueda; pero la pregunta más importante que tienes que hacerte es si eso, en un principio, realmente importa.
Porque lo que de verdad importa es que no sigas en una situación que te haga daño, sea cual sea la etiqueta que tenga o la que puedas darle.
Hablando desde mi experiencia
Cuando acababa de vivir una situación de agresión objetivamente denunciable, insultos y amenazas verbales delante de mi hijo, yo le explicaba a una amiga, que quería que denunciara, por qué aquello no era malos tratos, por qué no podía considerarme una maltratada a pesar de lo que había ocurrido y de que aquello no era algo puntúal.
Su respuesta fue:
Vale, tú no eres una mujer maltratada, él no es un maltratador, ¿lo que te ha hecho es algo que debas aguantar? Pues no lo aguantes.
Me gustaría decir que a partir de ahí empecé a respetar los límites que había empezado a poner y que habían desencadenado esa escalada de violencia; pero lo cierto es que me llevó muchos años más empezar a ser consciente de verdad y aún a día de hoy siguen resonando a veces en mi cabeza esas palabras cuando vuelvo a justificar lo que no merezco.
El camino es muy largo, muy duro y muy solitario a veces; pero depende de ti dejar que te acompañen los que de verdad puedan ayudarte en este proceso.
No todo el que quiere puede ayudar y no todo el que puede ayudar lo hace.
Es difícil distinguirlos pero si no vas probando no los encontrarás.
Dejemos de justificar la violencia.
Dejemos de culpabilizar a las víctimas.
Empecemos a escuchar y a acompañar sin silenciar ni minimizar.
No olvides que en El otro rebaño no sólo ofrecemos servicios, también acompañamos, damos herramientas y creamos un espacio para que puedas sanar y acompañar a quien lo necesite.
