
Todos hemos tenido momentos en los que sentimos que estamos en “piloto automático”: conduciendo sin recordar cada semáforo, leyendo una página de un libro sin retener nada o sintiendo que el tiempo se escapa sin darnos cuenta. Pero, ¿qué pasa cuando esa sensación de desconexión va más allá y empieza a afectar nuestra vida diaria? Aquí es donde entra el trastorno disociativo en sus distintos espectros. Y ojo, porque más que un problema en sí mismo, es un síntoma que nos está gritando (o susurrando bajito) que algo más profundo necesita nuestra atención.
¿Qué es el Trastorno Disociativo?
El trastorno disociativo es el equivalente mental de desenchufar el router cuando va lento: un mecanismo de defensa que se activa ante experiencias traumáticas o niveles extremos de estrés. La mente, en su afán de protegernos, presiona un botón de “desconectar” parcial o completamente. Esto puede afectar la identidad, la memoria, la percepción e incluso la sensación de estar presente en la realidad. Es su forma de decir: “Esto es demasiado, mejor me tomo un recreo”.
Origen: ¿Por Qué se Produce?
La disociación no aparece porque sí. Generalmente, tiene raíces en experiencias traumáticas, sobre todo en la infancia. Abusos, negligencia, eventos extremadamente estresantes o situaciones de violencia pueden hacer que la mente tome la decisión de fragmentar o alejar de la conciencia ciertos recuerdos para poder sobrellevar el momento.
Otras causas pueden incluir:
- Estrés crónico intenso
- Abuso emocional o psicológico
- Accidentes graves o experiencias cercanas a la muerte
- Uso de sustancias psicoactivas en algunos casos
En otras palabras, la disociación es un mecanismo de emergencia de la mente. No es el enemigo, sino una señal de que hay que atender lo que hay debajo.
Síntomas y Espectros del Trastorno Disociativo
Los trastornos disociativos abarcan un amplio espectro, desde síntomas leves hasta formas más graves. Algunos de los más comunes incluyen:
🔹 Despersonalización y desrealización: Sensación de estar desconectado del propio cuerpo o de que el mundo es irreal, como si estuvieras viendo tu vida como una película (pero sin palomitas).
🔹 Amnesia disociativa: Pérdida de recuerdos sobre eventos importantes, especialmente relacionados con traumas. No es un simple olvido tipo “¿dónde dejé las llaves?”, sino una incapacidad real de acceder a ciertos recuerdos.
🔹 Fuga disociativa: Episodios en los que la persona se aleja de su entorno sin recordar quién es ni cómo llegó ahí. Puede durar horas, días o incluso más. Es como despertarse en otro lado sin haber hecho check-in.
🔹 Trastorno de identidad disociativo (TID): Conocido anteriormente como trastorno de personalidad múltiple, implica la presencia de dos o más identidades o estados de personalidad que toman el control en distintos momentos.
🔹 Otros síntomas: Sensación de vacío, dificultad para concentrarse, alteraciones en la percepción del tiempo o del espacio, sensación de estar desconectado de las emociones o de los recuerdos.
Pero que su origen suela estar en un trauma no quiere decir que sólo se active cuando ocurren traumas o situaciones de un nivel emocional extremo, sino que el cerebro aprende a utilizar esa herramienta y se vuelve más sensible al estrés, por lo que periodos prolongados de un estrés leve pueden igualmente provocar una reacción de desconexión, o una situación puntual que no consideramos “tan grave” puede ser en realidad una disociación emocional.
Un ejemplo sencillo y habitual de disociación puede ser: Me siento muy mal después de una discusión con mi pareja sobre un tema que me afecta mucho y no se resuelve, él sólo minimiza mi preocupación, niega completamente el problema y todo sigue igual. Al día siguiente me siento como si nada hubiese ocurrido, ni me paro a pensar por qué me sentí tan mal, todo sigue igual y yo he “reiniciado el malestar”, después de un tiempo vuelvo a saltar con el mismo malestar como en un ciclo constante, puede que cada vez de manera más intensa y eso se convierta en otro motivo para desvirtuar mis motivos y reafirmar que no hay un problema real, o al menos no tan grave como para reaccionar así.
En realidad lo que he hecho es desconectar de la emoción que me hacía sentir mal, cuando mi pareja lo ha negado y además ha minimizado mis sentimientos y me ha hecho sentir aún peor se ha convertido en una emoción demasiado difícil de digerir y la he metido en una caja para seguir con mi vida normal, sin procesarla ni buscar una solución, pero esa caja no es hermética y no se desborda poco a poco, se mantiene cerrada hasta que algo la hace explotar por los aires.
¿Se Puede Tratar?
Sí, pero la clave está en entender que la disociación es solo la alarma, no el incendio. Tratarla no significa apagar la alarma y seguir como si nada, sino encontrar qué la activó y trabajar en ello. Terapias como la cognitivo-conductual, la terapia de integración del trauma y la EMDR (Desensibilización y Reprocesamiento por Movimientos Oculares) han mostrado buenos resultados. En algunos casos, se pueden combinar con medicación para tratar síntomas asociados como la ansiedad o la depresión.
Reflexión Final
Si alguna vez has sentido que te “desconectas” con frecuencia o que hay partes de ti que parecen distantes o inaccesibles, no estás solo/a. La disociación no es un fallo, es una estrategia de supervivencia. La clave está en preguntarse: ¿de qué me estoy protegiendo? Explorar estas respuestas con ayuda profesional puede marcar la diferencia. No dudes en contactar con nosotros si necesitas ayuda. La mente es poderosa, pero también merece ser comprendida y cuidada. 💙
